Cuando en noviembre pasado los científicos presentaron en la
revista Current Biology al más reciente de los homínidos vivientes descubierto,
el orangután de Tapanuli (Pongo tapanuliensis), algunos suspicaces dudaron que
fuera realmente una especie nueva. Para creerlo inequívoco, esperaban que las
conclusiones se expusieran en medios de primera línea como Science o Nature.
Ahora deben estar de plácemes, porque en el acostumbrado
ranquin anual de Science, dentro de los 10 avances científicos más relevantes
de 2017, se confirma el irrefutable hallazgo del gran simio, en el área de
Batang Toru, una superficie de 1 100 kilómetros cuadrados en el norte de la
isla indonesia de Sumatra.
Desde hace 20 años investigadores de la Universidad Nacional
de Australia advirtieron que unos primates vivían en esa zona. En 2013, a manos
de los integrantes de un equipo liderado por la Universidad de Zúrich, Suiza,
llegó el esqueleto de un orangután procedente de aquella geografía y observaron
diferencias que les hicieron considerarlo un ser único.
Sin embargo, no fueron suficientes las pruebas luego de
examinar los restos del orangután, un macho de unos 25 años –equivalente a unos
45 años para una persona– que entró en una plantación de palmeras de salak,
fruta dulce típica de la región, y recibió una paliza por los campesinos que
pensaron saqueaba sus cultivos, de cuyas lesiones murió.
Se decidió entonces efectuar un minucioso análisis de 37
genomas de orangutanes, incluida la nueva especie, calificado como el estudio
genético más exhaustivo de estos animales hecho hasta el momento.
Sus protagonistas fueron científicos del Instituto de
Biología Evolutiva, centro mixto del CSIC y la Universidad Pompeu Fabra (UPF)
en Barcelona, España. Como resultado, se concluyó que Pongo tapanuliensis es
una especie única. La tercera de orangutanes que se conoce (las otras dos son
los de Sumatra y los de Borneo) y la séptima de los grandes simios de la
familia a la que también pertenece el ser humano.
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