Los humanos modernos tenemos un cerebro grande y redondeado
que nos distingue de otras especies de homínidos. ¿Estaban equipados con esta
misma exquisita maquinaria los primeros Homo sapiens que deambularon por
territorio africano hace 300.000 años?
Un trabajo que acaba de publicar Science Advances sugiere lo
contrario. Investigadores del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de
Leipzig, Alemania, que analizaron y compararon más de 900 puntos de la cara
interna de 20 cráneos fósiles de diferente antigüedad llegaron a la conclusión
de que la típica forma redondeada del cerebro humano (y probablemente sus
funciones asociadas) emergió en épocas recientes, en algún momento del período
que va desde hace 100.000 hasta hace 35.000 años.
"Ya sabíamos que la forma del cerebro tenía que haber
evolucionado dentro de nuestra especie, pero nos sorprendió descubrir lo
recientes que fueron esos cambios", explicó por correo electrónico a la
nacion Simon Neubauer, primer autor del trabajo, que también firman Jean-Jacques
Hublin y Philipp Gunz.
Los científicos formaron parte del equipo que el año pasado
dio a conocer el hallazgo de los fósiles de Jebel Irhoud, un conjunto de restos
descubiertos en una cueva de Marruecos que agregaron 100.000 años a la historia
evolutiva de los humanos.
Junto con cráneos de Florisbad (Sudáfrica, de 260.000 años
de antigüedad) y Omo Kibish (Etiopía, de 195.000 años de antigüedad) estos
documentan una fase temprana del Homo sapiens en el continente africano. Sus
caras y dientes parecen modernos, pero su cráneo elongado parece más arcaico,
como el de homínidos más antiguos o neandertales. En contraste, lo que
caracteriza a los seres humanos modernos es un cráneo "globular'' junto
con caras pequeñas y gráciles.
Neubauer, Hublin y Gunz usaron microtomografías
computarizadas para crear imágenes virtuales en 3D de la parte interior del
cráneo, que permiten recrear el tamaño y la forma del cerebro, porque las
meninges y los huesos del cráneo interactúan de forma integrada y altamente
coordinada durante el desarrollo temprano.
Esto les permitió documentar un cambio gradual en el Homo
sapiens, desde un endocráneo elongado hacia otro más "globular''. "De
ese proceso detectamos dos características que se destacan -agregó Neubauer-:
una 'hinchazón' de las áreas parietales y del cerebelo. Las primeras están
asociadas con la orientación, la atención, la percepción de estímulos, las
transformaciones sensoriomotores que subyacen a la planificación, la
integración visuespacial, la autoconciencia, la memoria de trabajo y de largo
plazo, el procesamiento numérico y el uso de herramientas.